EL AGUA QUE NOS UNE

Llueve sobre España, pero la sed es tanta, que todavía resulta insuficiente. Aunque ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos, y en algunas partes del país están aburridos de tanto temporal y cielos cubiertos. Las nubes no entienden de fronteras, por eso resulta tan incomprensible, en medio de tanto chaparrón, la mezquindad de algunas personas al no querer compartir el agua con los vecinos. Se suele decir, y no sin razón, que aquellos que han ayudado a sobrellevar los contratiempos y dificultades de los semejantes son los que de verdad alcanzan el éxito y la gloria. No cabe mayor fracaso en el ser humano que la insolidaridad. Mientras en Cataluña escenifican el enésimo acto del vodevil independentista, una parte de nuestra nación le pide agua a la otra y hasta hay quien se la pretende negar. Los proyectos comunes de civilización y ciudadanía no persiguen mantener unidas a las personas, sino un objetivo mucho más noble y eficaz como hacer algo juntos. Regar la fecunda tierra de España es darle vida al país. La riqueza de mi vecino me hace rico a mí.