A LOMOS DE LA MENTIRA

Los incidentes de Lavapiés son un buen ejemplo de lo que representa en la sociedad actual el fenómeno de las noticias falsas. Nada nuevo bajo el sol, por cierto. Lo novedoso ahora es que las mentiras de siempre se propalan a velocidad de vértigo y durante unas horas se pueden convertir en combustible de incidentes y alteraciones de orden público, que pueden terminar derivando en situaciones indeseables. El problema radica en la formidable predisposición que la mayoría de los ciudadanos tenemos para admitir la versión mala de la noticia o la irrefrenable pasión del ser humano por el «cuanto peor, mejor». En realidad, esa inclinación por creernos las falsedades tiene mucho que ver con la mezquina tendencia de llevar el agua a nuestro molino, aunque la realidad lo desmienta. Los contenidos basuras existen porque mucha gente los consume y hasta se alegra de ellos, cuando no trata de sacar un rédito, como está intentado hacerlo Podemos con la muerte por infarto de un pobre inmigrante al que la Policía de este civilizado y acogedor país, llamado España, trata de socorrer sin éxito. Todo lo demás es pura mentira. Pero hay quien cabalga a sus lomos.