VOLVER AL SENY

A Puigdemont se le arrugaron el alma y el coraje el día que decidió huir de la legalidad y guarecerse como protagonista del esperpento de Waterloo. Aquel día, derrotado y sin valor suficiente para defender sus presuntos principios, optó por quedarse en un rincón de la historia de Cataluña, el mismo que ocupa Artur Mas. El futuro los juzgará con mucho rigor. Tiempo al tiempo. Los contemporáneos somos los peores árbitros de la etapa que nos toca vivir. Pero llegarán preguntas acerca del suicidio en que se han empeñado los independentistas a costa de llevarse por delante la privilegiada situación económica de su autonomía. En tiempos de tormentas morales, mejor ponerse al resguardo del sereno criterio del sentido común, llamado en otro tiempo «seny». No insistir en el airado y arrebatado discurso de aquellos que mantienen una pelea con la realidad. Ya no es época de «conllevanzas». Sonó la hora de recuperar el instinto de la verdad, y ese solo se alcanza escuchando, ejerciendo la humildad y moderando los discursos. Porque siempre escampa, aunque bendita lluvia la de estos días.