ANOREXIA PARLAMENTARIA

España no está ahora mismo para nuevas elecciones. Necesita estabilidad política y, por supuesto, presupuestaria. La ansiedad sobrevenida de Rivera y Sánchez denota poca cultura democrática y un desasosiego egoísta, en el que anteponen sus intereses partidarios a los generales de todo el país. Que no se equivoquen: en este momento, los ciudadanos de a pie no demandan volver a las urnas. Lo que quieren es gobierno, toma de decisiones, que se resuelvan sus problemas. Por eso no creo que en la calle se esté pidiendo el relevo de Rajoy, cuyo tiempo de salida, como el de toda obra humana, llegará. Pero desgastar al Ejecutivo actual no es un buen programa. Que nadie pierda de vista que las encuestas no legitiman en democracia y que el electorado, al menos de momento, no le ha entregado el poder ni a Rivera ni a Sánchez. Para gobernar, unos y otros se necesitarán. Y en esa nueva ecuación parece sano que se respete, una vez más, el valor de la lista más votada. Es discutible que España esté paralizada. Sufre, eso sí, un Parlamento fragmentado, instalado en una anorexia democrática.