EL DINERO DE TODOS

Es curioso que a la izquierda española, la de la gente y la anti-recortes, no le gusten unos presupuestos que suben las pensiones de los jubilados más desfavorecidos y el sueldo de los funcionarios. Eso no merece ni aplauso ni aprobación. Los de Ciudadanos, más inclinados por la socialdemocracia que por el liberalismo, sacan pecho del aumento de gasto. Está bien que se rebajen algunos impuestos, pero otra fiscalidad es posible y los gurús económicos de Rivera se quedan en el contrato único, sin atreverse con la creatividad fiscal. Cuando el Estado gasta más, y mantiene una deuda tan grande como todo el PIB, no necesariamente acierta. La libertad económica se expande cuando se dan las condiciones para crear puestos de trabajo y la mejora de la productividad empuja al alza los salarios, cuando se fomenta la inversión en investigación y se apuesta por la economía productiva y de libre mercado. Nada de eso ocurre cuando nos conformamos con subvencionar. La libertad está en nuestra capacidad de trabajar y crecer. Compartir un proyecto de progreso tiene más futuro que debilitar la musculatura del esfuerzo civil.

QUERÍAN UN CHOQUE DE TRENES

Qué mal parados van a quedar en el raquítico libreto del vodevil independentista Artur Mas y su corte. Amenazaban con un choque de trenes, y dejaron encima del triciclo al más indigente político de la pandilla, a Puigdemont. Mas sabía bien lo que hacía, pero la Historia no lo absolverá. Todas sus mentiras se han ido descomponiendo hasta volverse contra ellos, incluida la presunta comprensión y cooperación de Europa. Mientras tanto, hay una parte de Cataluña sorprendida en su ingenuidad por esta elite política supremacista, que sufre su desconsuelo y no entiende nada. Se hacían llamar demócratas y quisieron romper la democracia. Se presentaban como moderados y se demostraron auténticos inmoderados. Invocan la paz y viven de una violencia a la que sólo le falta la intimidación física. ¿Querían esto? ¿Este era el choque de trenes de la vieja Convergencia? ¿Arruinar Cataluña para las dos próximas generaciones? El tiempo es juez inapelable. Y que me disculpen los muchos lectores que nos piden que no insistamos, pero el asunto supone la más grave crisis del constitucionalismo moderno en España.

HUIDA, NO EXILIADA

Marta Rovira no se ha exiliado. Como Puigdemont, Rovira se ha fugado. Poco valen sus ideas cuando no parece dispuesta a sacrificar nada por ellas. Decir que se fue al exilio es mancillar esa palabra, además de una inexactitud periodística y una incorrección lingüística. Exilio suena a destierro, a olvido, a refugio ante al castigo. Lo de Rovira es una huida, una deserción cobarde, tras emponzoñar y fracturar la convivencia entre los catalanes, tras la permanente invocación a una oculta fuerza que podría llevarse por delante el Estado de derecho de una democracia como la española. En la mañana de ayer las televisiones no dejaron de aventar la noticia de una marcha al exilio, dando a entender que el Tribunal Supremo no tiene legitimidad y que la democracia española no ofrece garantías suficientes para desenvolver el libre juego político. Ellos, y solo ellos, se han empeñado en quebrar las reglas del juego y ahora se sorprenden de que la Justicia actúe. ¿Contra quién creían que se enfrentaban?… En democracia hay que asumir las responsabilidades. Marta Rovira ha preferido huir.

EL AGUA QUE NOS UNE

Llueve sobre España, pero la sed es tanta, que todavía resulta insuficiente. Aunque ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos, y en algunas partes del país están aburridos de tanto temporal y cielos cubiertos. Las nubes no entienden de fronteras, por eso resulta tan incomprensible, en medio de tanto chaparrón, la mezquindad de algunas personas al no querer compartir el agua con los vecinos. Se suele decir, y no sin razón, que aquellos que han ayudado a sobrellevar los contratiempos y dificultades de los semejantes son los que de verdad alcanzan el éxito y la gloria. No cabe mayor fracaso en el ser humano que la insolidaridad. Mientras en Cataluña escenifican el enésimo acto del vodevil independentista, una parte de nuestra nación le pide agua a la otra y hasta hay quien se la pretende negar. Los proyectos comunes de civilización y ciudadanía no persiguen mantener unidas a las personas, sino un objetivo mucho más noble y eficaz como hacer algo juntos. Regar la fecunda tierra de España es darle vida al país. La riqueza de mi vecino me hace rico a mí.

INTIMIDAD

La defensa de la intimidad de la personas será muy pronto una de las banderas de los partidos políticos que jueguen en democracia. Ya se encargan las tiranías de que ese paraíso -casi el único que nos queda- desaparezca. Eso sí será nueva política, y no el trasnochado discurso revanchista de la extrema izquierda, resucitada en los últimos tiempos por los perversos efectos de la crisis económica y la disrupción tecnológica. Es necesario rearmarse de nuevo en la salvaguarda de la vida privada, expuesta y espiada como nunca, en ocasiones de manera obscena, como consecuencia de una entrega sin prevención alguna de nuestros datos, rutinas, gustos o inclinaciones. Nuestra seguridad e intimidad están en peligro. Los últimos grandes ciberataques han comprometido a más de 4.500 millones de cuentas. Mientras algunos se empeñan en hacer política mirando al siglo pasado, muchos reclamamos la protección y preservación de nuestros derechos individuales, como lo es la privacidad de nuestras vidas. Porque no olvidemos que quien pierde la intimidad lo pierde todo.

LA OTRA CARA DE FACEBOOK

Somos unos privilegiados, aunque nos cueste reconocerlo. Vivimos en una época de creación de riqueza y bienestar sin precedentes. Dicen los que saben de estos asuntos que la tecnología está impulsando la mayor revolución conocida en la humanidad. Nunca en la Historia se ha registrado una acumulación de progreso técnico comparable a la actual. Como ocurre siempre en el discurrir de los tiempos, estas inflexiones que protagonizan las civilizaciones conllevan su parte buena, pero también ciertos riesgos. El escándalo que acecha a Facebook es un ejemplo de esos peligros. Entregar cincuenta millones de perfiles de sus usuarios, además de constituir un atentado a la privacidad de las personas, es una evidencia de cómo la tecnología puede terminar con la condición ciudadana. Es algo que amenaza a cualquier país. Internet revoluciona todos los ámbitos. El político, también. Por eso, más que nunca hay que insistir en los valores ciudadanos para que actúen como anticuerpos ante la disrupción digital. Esto no ha hecho nada más que empezar y convendría evitar que los grandes actores tecnológicos se lleven la democracia por delante.

AFRICANOS EN MADRID

Lo mejor que puede hacer Europa es invertir en África. La frontera entre este continente y España es la más desequilibrada del mundo por la diferencia de renta entre uno y otro lado. Por eso, seguimos siendo un imán de atracción para tantos africanos que persiguen el sueño eterno de todo ser humano: huir de la miseria y tratar de rozar siquiera el bienestar. Estamos, por tanto, ante un problema complejo que sólo se resuelve desde una posición inteligente de cooperación eficaz y eficiente con los países de origen de los inmigrantes. Lo más aconsejable sería tomarse en serio la operación de contribuir a desarrollar los territorios de donde escapan a la desesperada todos esos jóvenes que se juegan la vida para llegar a la Europa rica, donde después malviven. Ellos son los más inocentes de toda esta tragedia: sus políticos, los traficantes de almas, los falsificadores de productos, los oportunistas de Occidente, los populistas que los instrumentalizan… Todos tienen la culpa, menos ellos.

A LOMOS DE LA MENTIRA

Los incidentes de Lavapiés son un buen ejemplo de lo que representa en la sociedad actual el fenómeno de las noticias falsas. Nada nuevo bajo el sol, por cierto. Lo novedoso ahora es que las mentiras de siempre se propalan a velocidad de vértigo y durante unas horas se pueden convertir en combustible de incidentes y alteraciones de orden público, que pueden terminar derivando en situaciones indeseables. El problema radica en la formidable predisposición que la mayoría de los ciudadanos tenemos para admitir la versión mala de la noticia o la irrefrenable pasión del ser humano por el «cuanto peor, mejor». En realidad, esa inclinación por creernos las falsedades tiene mucho que ver con la mezquina tendencia de llevar el agua a nuestro molino, aunque la realidad lo desmienta. Los contenidos basuras existen porque mucha gente los consume y hasta se alegra de ellos, cuando no trata de sacar un rédito, como está intentado hacerlo Podemos con la muerte por infarto de un pobre inmigrante al que la Policía de este civilizado y acogedor país, llamado España, trata de socorrer sin éxito. Todo lo demás es pura mentira. Pero hay quien cabalga a sus lomos.

TAN LEJOS DE SUS VOTANTES

La socialdemocracia está desorientada en Europa, y en España ha perdido la brújula y el mapa de los días. Una pena, porque su hueco lo va ocupando otro tipo de formaciones políticas. A los ya denunciados propósitos de represión en sus múltiples iniciativas legislativas, se une el desprecio al clamor de una sociedad que en pocos asuntos está más de acuerdo como en este de la prisión permanente revisable. Ese desprecio a lo que piensa la ciudadanía solo se explica como un intento de la oposición de castigar y erosionar al Gobierno con una derrota en el Parlamento. No hay detrás una propuesta de impulsar un modelo penal ejemplar. El PNV solo quiere prolongar su impostura moral de la que tendrá que avergonzarse en el futuro. A Podemos no se le espera en la construcción ni mejora positiva del modelo democrático. Ciudadanos tiene días y el PSOE deambula, cuan zombi político, muy cerca de su militancia y tan lejos de sus votantes. Al final de la escalera solo hay la humana ambición de poder… Aunque no sepan muy bien para qué lo quieren.

VOTO RESPONSABLE

Los votantes, es decir usted y yo, tenemos una cuota relevante de responsabilidad en que España sufra un Parlamento ingobernable. El fraccionamiento no es un rasgo exclusivo de España. En elecciones recientes en países de nuestro entorno, hemos vuelto a comprobar cómo el exceso de segmentación de la voluntad popular paraliza a los Estados y nos aboca a un rosario de crisis. Algo pasa en Occidente para que las ideas clásicas de la democracia y sus expresiones políticas no logren las mayorías de antaño, mientras afloran los extremos a ambos lados del espectro ideológico, con las más trasnochadas teorías: nacionalismo, comunismo… Así es complicado progresar. También a los electores nos corresponde un papel. Creo que nos equivocamos cuando votamos para castigar en vez de para dar estabilidad. La democracia es un juego de alternativas. Si no quieres que te gobierne A, aunque sea el más cercano a ti, lo acabará haciendo B, que es lo que tú no deseas y todo termina en un circo. Así de imperfecta es la democracia, aunque en varios milenios no hemos encontrado nada mejor.