REPRESENTAR

El juez Llarena no debe ni quiere forzar el reglamento del Parlament. De hecho no lo hace. En su auto se limita a dejar en manos de la Mesa de la Cámara autonómica catalana que se valore si los diputados encarcelados pueden delegar o no su voto. El magistrado no invade competencias exclusivas de la Mesa, pero impide que Junqueras se burle de la Justicia. De alguna manera, Puigdemont y Junqueras tratan de nuevo de tomarse a broma el Estado de Derecho y proyectan una imagen de Cataluña ciertamente chusca. La democracia representativa exige la presencia física de aquel a quien la ciudadanía votó para que la represente. Se pueden entender excepciones, como el caso de la muerte de un familiar, pero los parlamentarios si quieren ser fieles a la filosofía fundacional de una democracia, deben estar presentes, además de otras muchas cosas, como saber respetar la ley gracias a la cual puedes ocupar un escaño. Todo lo demás es jugar a la PlayStation.