HUMILDAD

Tampoco hemos inventado nada. No nos creamos dueños del universo, porque nuestra fragilidad está descrita hace miles de años, como en aquel Salmo que compara la vida con una flor del campo, a la que el viento roza y ya no existe. Es cierto que ganamos cada día en calidad y oportunidades, y que la longevidad ya no es la excepción, pero no por ello debemos olvidar que nuestra curva de soberbia se desliza hacia el abismo, cuando somos conscientes de que otros muchos pasaron por aquí y que no necesariamente la nuestra es la mejor etapa de la Historia. Se va 2017, con sus luces y sus sombras. Ojalá que el nuevo año no sea una ilusión pasajera y nos ofrezca oportunidades para ser mejores en todo: más libres, más justos, más solidarios, más compasivos, más tolerantes, más cultos, más felices… y más conscientes de nuestras limitaciones. Todo está escrito, pero nadie hace caso. Nos lo advirtieron hace miles de años: «Hay un tiempo para cada cosa bajo el sol; un tiempo para nacer y un tiempo para morir». En el recuerdo de todos los amigos que ya no están.

APOROFOBIA

En el principio fue el Verbo. La palabra es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Por eso, entre las facultades de Dios, está poner nombre a las cosas. Desde esa génesis, hemos ido llenando nuestra vida de expresiones, significados, vocablos, voces. Gracias a ellos, imaginamos, proyectamos y ponemos límites a una realidad, en ocasiones, inabarcable. Pero cuando las palabras las contamina la actividad humana, pierden muchas veces su significado, el lenguaje se pervierte y disfraza los pensamientos. Economistas, políticos y tecnólogos tienden a despreciar el viejo vocabulario para incorporar expresiones que, supuestamente, denotan mayor competencia intelectual. La etimología suele ser traicionada por estos pedantes modernos que, pudiendo emplear «mentiras», escriben «posverdad». Y así, un tedioso rosario de barbarismos, neologismos e incorrecciones. Es hora de reivindicar la lengua española, el segundo idioma de la Red, hablado ya por más de 500 millones de personas y capaz de inventarse, desde estas mismas páginas, la expresión aporofobia. Pero recuerden que, de lo sublime a lo ridículo, solo hay un paso.

CAMBIAR LA HISTORIA

La tendencia es a repetir la Historia, y así caemos en comedias y óperas bufas como la de ese político que huye a Bélgica y desde allí pretende gobernar Cataluña. Lo bueno, sin embargo, es aprender de la Historia, evitar reincidir en los errores y, a poder ser, cambiarla para bien. En estos días en que celebramos el aroma de acuerdo que impregna la vida pública española, sería bueno reflexionar acerca de cómo podría afectar a nuestro acontecer que PP y PSOE admitieran pactar asuntos de alto nivel e incluso probar un gobierno de gran coalición, tal y como ocurre en otros muchos países europeos, y de manera especial, en Alemania. Cuando eso suceda, habremos vencido décadas y décadas de negra tradición de frentismo y enfrentamientos, y España será mejor. De momento, Rajoy y Rivera ensayan, al menos formalmente, un estilo que augura tiempos de avance y de estabilidad política, además de cierta unión ante lo esencial. El grito de la Historia en España ha sido siempre cainita; va siendo hora de que no tropecemos por enésima vez en la misma piedra.

TIEMPO DE PACTOS

Pocas prácticas más democráticas que el pacto. Cuando se gobierna a base de alianzas, suele avanzarse más de lo habitual, sin que la rentabilidad caiga per se de una de las partes. Por eso es un ejercicio tan higiénico y eficiente. No sé si es obra del espíritu navideño o esperado bálsamo después de tanta revuelta dialéctica con los independentistas, pero estos días desprenden el aroma del acuerdo. Ayer celebrábamos el nuevo salario mínimo interprofesional, hoy hablamos del consenso en la lucha contra la violencia machista, además de lamentar el «sí pero no» de nacionalistas y Podemos en el concierto antiyihadista. El pacto no implica necesariamente ceder, más bien requiere convencer, pero aceptar el punto de vista del otro enriquece las soluciones, siempre que tal asunción no arrase con tus principios ni valores democráticos. Por eso debe quedar claro que toda entente debe partir de la aceptación del marco de la Constitución, el pacto de los pactos, el gran acuerdo de convivencia… O nos volveremos ingobernables.

DESIGUALDAD

La luz cegadora del problema catalán nos distrae de lo verdaderamente importante. La embestida de los independentistas es lo urgente, pero seguir avanzando en el proyecto común de convivencia de todos los españoles es lo trascendente. Por eso conviene saludar el acuerdo firmado ayer entre patronal, sindicatos y Gobierno para mejorar las condiciones salariales mínimas. No todo son malas noticias, aunque las buenas se intente despreciarlas como propaganda. El pacto es positivo por cuanto atañe a un problema que urge combatir con algo más que una declaración de intenciones: la desigualdad. La falla más grave de la sociedad europea es el abismo que se abre entre ricos y pobres, y no parece que las propuestas socialdemócratas vayan a cerrarlo. A lo largo de la Historia, los conflictos sociales se resolvieron con transferencias de riqueza de los que tienen más a los que menos. Concentrar el capital es mal negocio para todos. La desigualdad existirá siempre, pero hay muchas formas de paliar sus efectos, y no siempre son las paternalistas. La libertad es el territorio más fecundo. No pongamos límites a la libre, sana y legal iniciativa.

VILLANCICO

Me gustaría dejar a mis hijos, y a los hijos de mis hijos, mi patrimonio. Ya no el caudal material que en mi vida haya podido atesorar, sino la emoción y el sentimiento, la memoria y la catarata de recuerdos que, en la nostalgia vespertina, me ayudan a convencerme de que mereció la pena pasar por aquí y dibujar una huella, aunque apenas resulte perceptible. El patrimonio que legamos a nuestros herederos es una patria, una o varias lenguas, una cultura, el bullicio de los primeros días de diciembre al montar el Belén, los villancicos, la misa del gallo a medianoche, el mazapán y el turrón, la ansiedad ante la llegada de los Reyes Magos, los peces bebiendo en el río, la Virgen planchando, el tamborilero, el Adeste Fideles, la sana intención de ser mejores, los valores de mi madre, los principios de mi padre, los veranos allá en el Norte, el regalo de la amistad, el viejo camino a donde acudíamos en procura del musgo… No quiero que mis descendientes pierdan la Navidad, prometo que el próximo año sonarán más villancicos que nunca, porque aspiro a ser digno antepasado. Paz en esta Nochebuena, para que inspire a los hombres la buena voluntad.

…PERO A TU LADO

Lo que pretenden los independentistas catalanes es la única revolución en la Historia en la que los medrosos ricos buscan robar a los pobres. Lo curioso es que, al frente de semejante movimiento, figure la extrema izquierda, a la que parece gustarle más lo propio –la tierra, la raíz y el árbol– que lo bueno –la solidaridad, el progreso y la civilización–. A lo largo de los siglos, las insurgencias consistieron en la victoria de los ansiosos e insaciables de abajo sobre la temerosa clase que habitaba arriba. Así fue hasta ahora, cuando, en pleno siglo XXI y tras superar estadios históricos de toda naturaleza, la sedición catalana se entremezcla entre burgueses y anarquistas para golpear los valores que han hecho prosperar a Occidente en los doscientos últimos años. Paradojas de la posmodernidad, donde decir lo obvio y demostrar sentido común resulta revolucionario, mientras la corrección política castra la fecunda actividad de todos aquellos que se atreven a ser distintos, aunque quieren seguir viviendo en otro mundo, pero a tu lado. A Cataluña le siguen faltando sosiego y debate intelectual honesto.

SENSATEZ Y TRABAJO

Pretender que se puede arreglar en apenas cuarenta días lo que se pudrió a lo largo de más de treinta años es un error que solo demuestra que el deseo podía sobre la realidad. Nos encontramos ante el mismo problema que teníamos en octubre. No estamos peor, pero hay que reconocer que la situación es complicada y que todavía puede enredarse más con toda la responsabilidad jurídica y procesal a la que habrá de enfrentarse Puigdemont, probable candidato a volver a presidir la Generalitat. Una cosa queda clara: el gran triunfador de ayer, casi el único que ganó, es el partido de Ciudadanos. Sobre su ascenso, aceptación popular y discurso deberán reflexionar PP y PSOE. En el otro lado de la balanza se hunde una gran perdedora: la sociedad catalana, que seguirá, si un imprevisto no lo remedia, enquistada en una ensoñación que solo la lleva al empobrecimiento económico. Esto no se resuelve de la noche a la mañana. Tal vez se debió haber esperado más tiempo para convocar elecciones. Ahora toca sensatez y trabajo, orden e inteligencia para que la ensoñación se vaya desinflando. Pero atentos: mucha labor, sobre todo desde el Estado. Si encima le sumamos talento…

LA IDEA DE ESPAÑA DE PODEMOS

El movimiento que representa Podemos está sobrevalorado, como tantos otros aspectos y personas de la España actual. Sin la crisis económica, pésimamente gestionada por Zapatero, hoy no existiría este partido de extrema izquierda. En su ADN se guarece un embrión totalitario, al que no es preciso excitar mucho para que manifieste su verdadero rostro. Su posición en la cuestión catalana no deja lugar a dudas. Han dado, además, sobradas pruebas en su corta vida, síntomas bien identificables en sus maneras, ideas, formas, estilos y ambiciones. La misma imagen que antes les sirvió de catapulta opera ahora como límite imposible de superar y alcanza a través de su insolidaridad con la idea de España uno de sus momentos cumbre. Así que dejemos que el enemigo se equivoque, ya que nuestros antagonistas siempre pueden hacer cosas buenas por la causa de la democracia, aunque se propongan lo contrario. Podemos es una herramienta que su líder, Iglesias Turrión, está articulando mal, hasta el punto de que hoy se puede afirmar que se ha convertido en algo más peligroso que útil para la unidad de España.