LA BONDAD DE UN FISCAL

La vieja tradición anglosajona, según la cual un buen juez tiene que ser un hombre –o mujer– equilibrado, sensato, honesto, humilde, discreto, bondadoso, y si sabe algo de leyes mucho mejor, es aplicable también a la figura del fiscal. José María Romero de Tejada, al igual que José Manuel Maza, se caracterizaba por ese compendio de virtudes, especialmente las de la discreción y la bondad. No cabe afirmar lo mismo de otros muchos magistrados y fiscales, algunos de los cuales han colaborado, como casi nadie y con la cooperación necesaria de periodistas, a desterrar de España una figura fundamental del Estado de Derecho: la presunción de inocencia. Numerosos jueces, y más de un significado fiscal, juegan con el buen nombre de las personas. Las hay que terminan absueltas, pero ya nunca logran borrarse el estigma que medios y fiscales les han marcado en la piel cual res vacuna. Ni Romero de Tejada ni Maza eran así. Ojalá su recuerdo y legado sirvan de espejo a más de uno porque, siendo relevante la bondad en la personalidad de un juez, es tremenda la maldad en un fiscal.