ESTE «PROCÉS» ES UNA RUINA

Todavía hay muchos ciudadanos en Cataluña que no quieren percatarse de que su comunidad ha entrado en decadencia económica. Los próximos años serán testigos de ello. De momento se han marchado más de dos mil quinientas empresas, algunas de considerable peso, y ayer, para que nadie tuviese dudas, la UE negó de entrada a Barcelona cualquier opción de acoger la sede de la Agencia Europea del Medicamento. La debilidad de la economía es palmaria, pero lo será mucho más en el futuro inmediato. Es una pésima noticia para Cataluña, pero también para España. Claro que aquí la cuota de responsabilidad está bien distribuida. No nos echen al resto del país la culpa de este nuevo fracaso. Los independentistas son los promotores últimos, mal aconsejados por su contumacia. Lo peor, por tanto, está por venir: salvo que se forme un gobierno constitucionalista tras el 21-D, me temo que la inoperancia administrativa irá a más, toda vez que Cataluña parece dispuesta a seguir deslizándose, en un proceso irracional, por la pendiente de la ruina y del ocaso. La realidad siempre es terca, y fatal pecado social, relacionarse mal con ella.