CONFUNDIR AL VOTANTE

Tras tanto torrente de mentiras proveniente del independentismo catalán, cuesta prestarles la más mínima credibilidad a sus portavoces. Ahora una tal Marta Rovira, a la que no se le conoce oficio ni beneficio, se descuelga contando que el Gobierno central amenazó con muertos en la calle. Deberían querellarse contra ella. La impunidad con la que se han movido es lo que les ha hecho crecerse. Solo cuando ven que el Estado de Derecho funciona es cuando se arrugan estos arrojados sediciosos. Lo de Rovira no es una posverdad ni una fake news. Es, sencillamente, una mentira. Una falsedad más con la que han adobado el potaje ideológico que ha logrado la dudosa honra de empobrecer Cataluña, de que huyan las empresas y de que finalmente la Agencia Europea del Medicamento no vaya a Barcelona. Entre otras razones, porque va ser difícil creer a Ada Colau, la mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, después de haber utilizado con excesiva frecuencia y desahogo la mentira como argumento. La estrategia consiste en enmarañar para que los catalanes no se aclaren en las próximas elecciones.