LA NUEVA CONDUCTORA

Ada Colau, la mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, quiere convertirse en la gran lideresa del independentismo catalán, a pesar de que se ha pasado media vida de alcaldesa predicando lo contrario. Ahora, gracias a Pisarello, un argentino de Tucumán que jugó al fútbol en Madrid y al que le irrita la bandera del país que lo acogió, la regidora de Barcelona acaba de vislumbrar el horizonte de erigirse ella en la conductora de Cataluña hacia la secesión. El eterno sentido mesiánico de la extrema izquierda. Tampoco nos sorprende: ella ayudó a celebrar el 1-O y participó en él, se puso al frente de todas las manifestaciones contra España y, llegado este momento, rompe con el PSC. De todos modos, conviene tener presente que, desde el maniqueísmo histórico de estos antisistema, su estrategia consiste en generar el desorden, que es lo que está arruinando aquella esquina de nuestra península. Mientras queden cenizas del procés, todo serán sombras del viento revolucionario.