CATALUÑA COMO ENSAYO

Los independentistas catalanes no son conscientes de ello porque tienen una altísima opinión de sí mismos, pero fueron manipulados. Están convencidos de que son el centro del mundo. Por eso viajan poco y, cuando lo hacen, se llevan la vara en la mano. Así les va. Desde Sócrates hasta nuestros días, un poco de humildad nunca sentó mal. Lo cierto es que, más allá de su autoengaño, alguien ha querido aprovechar el dislate catalán para un peligroso ensayo: romper la UE por la vía de los sentimientos y las vísceras, y provocar un efecto dominó. Una Europa fuerte no interesa a casi nadie, salvo a quienes la habitamos. Sigue siendo el mejor proyecto de ciudadanía y de progreso que se oferta ahora mismo en todo el globo terráqueo. Primero fue el Brexit y ahora la sedición de Cataluña, afortunadamente abortada. La historia viene de lejos, por supuesto, pero alguien quiso pescar en un río revuelto, donde ciertos políticos perdieron el sentido de Estado y despreciaron la democracia y sus reglas. Pretendían reinventar el mundo, mientras actuaban de tontos útiles de alguna ambición de más altos vuelos.