ESPAÑA TIENE SED

La tierra de España tiene sed, y nosotros seguimos instalados en las dudas que oportunistas y analfabetos quieren aprovechar para ensombrecer uno de los más luminosos tiempos de la Historia de nuestro país. Nos preocupamos de lo accesorio, mientras orillamos lo importante. Ahora mismo, es trascendental la sequía que se cierne sobre nosotros. Apenas llueve en nuestros campos, los ríos se secan y el perseverante reloj que nos mata un poco cada hora vuelve a evidenciar que necesitamos un plan hidrográfico global, sin distinción de cuenca, provincia o acento. Hace falta ser muy mezquino, además de otras cosas, para negarle agua a un vecino. La lluvia la da Dios gratis; ahora hace falta saber lo que nosotros ponemos de nuestra parte para que esos aguaceros obren el milagro de la riqueza y del progreso. Además, su escasez supone contaminación de nuestro aire, encarecimiento de la energía, ruina para el campo, deterioro medioambiental, desertización… en definitiva, pobreza. La pertinaz sequía ya habitó en muchas ocasiones entre nosotros, pero entonces éramos más solidarios, por increíble que parezca.