LA NUEVA MENTIRA

En los atardeceres de los sábados, cuando más sosiego se vive en la redacción de ABC, es cuando una mezcla de melancolía e irritación te lleva a reflexionar acerca de qué momento más brillante estarían viviendo ahora España y Cataluña si no fuese por el artificioso empantano de los independentistas catalanes. En ese deslizamiento casi nostálgico de la cavilación, me pregunté sobre cuántas cosas hacíamos y contábamos en los diarios antes de que el problema catalán lo contaminase todo. El cálculo fue abrumador. Lo cierto es que entre los muchos reproches que el conjunto de España debe hacer a los sediciosos, está el secuestro de la normalidad. El sobresalto golpista de estos últimos tiempos no nos lo merecíamos, menos mal que el conjunto de la sociedad española no ha admitido sometimiento alguno. Ahora, como dice algún vocero independentista asentado cómodamente en Madrid, no hay que humillar a Cataluña. Nadie lo pretende. No empiecen a inventarse una nueva mentira. Me temo, no obstante, que a la economía catalana no le esperan grandes alegrías en el inmediato futuro.