EDAD ADULTA

La democracia es el menos malo de los sistemas de organización política y uno de sus fundamentos es que todos somos iguales ante la ley. Puigdemont incluido. Se le advirtió reiteradamente que estaba quebrantando el Estado de Derecho e hizo oídos sordos a un clamor que se elevaba no solo en España, sino también en toda Europa. Se creyó su propia fabulación y ahora se tropieza de golpe con el poderoso andamiaje legal del Estado de Derecho de una democracia. En su infantilismo y simpleza política, se inventa una huida y una ficción acerca de que solo él y los suyos poseen la patente de ciudadanos democráticos mientras que el resto somos unos dictadores opresivos. Eso solo enmascara una cobardía que evidencia que sus ideas valen poco ya que nada está dispuesto a arriesgar por ellas. Si la causa secesionista de Puigdemont tiene la legitimidad que él dice, ¿a qué y a quién teme? Tal vez vez era muy fácil jugar en medio de la confortable o pacífica democracia española, mientras que la audacia desaparece cuando uno tiene que asumir como un adulto su responsabilidad.