TIEMPO AL TIEMPO

La mayor perjudicada de todo el dislate independentista es la propia Cataluña. Este proceso, que terminará con el cumplimiento de la ley democrática –es decir, la Constitución y sus mandatos–, va a dejar muchas heridas, y no son precisamente la supuesta humillación de los secesionistas, como pretenden sus voceros. La herida emocional con el resto de España tardará en cerrarse. Suponga que llegase a ser cierta la ensoñación de la independencia. Pero el mayor daño está en la economía. Cataluña fue una locomotora del bienestar y una avanzadilla del progreso hasta la década de los noventa, cuando empezó a perder fuelle a favor de Madrid y Valencia, por culpa de una política caciquil y torticera de Jordi Pujol, que les restó competitividad. Ahora la fuga de empresas viene a confirmar su enorme dependencia respecto de su principal mercado: el resto de España. Lo peor, sin embargo, está por venir. Atentos al deterioro económico de los próximos años –ya no quiero ni imaginar el empobrecimiento de una Cataluña independiente, fuera de la UE y del BCE– porque será la mayor evidencia de la ficción argumental de los separatistas. Tiempo al tiempo.