TOLERANCIA

Los Premios Princesa de Asturias representan desde hace tiempo la mejor expresión de la sociedad española. Es la oportunidad de reconocer todo lo que los valores democráticos hacen por nosotros: garantizan la convivencia, la paz, la justicia, la cultura, la pluralidad y la aspiración de ser mejores. Todo ello cobra una dimensión más trascendente en este momento de España. Ahora que unos pocos quieren romperla. Por eso de nuevo ayer la voz de Felipe VI volvió a sonar como garantía de que todos aquellos valores de la democracia se mantienen firmes frente a quienes los desprecian. Ese desdén viene como consecuencia de adoctrinar a los jóvenes en lugar de educarlos. Cuando adoctrinas anulas el espíritu crítico y la independencia de opinión, hasta el punto de no respetar lo que piensan los demás. La diferencia entre educar y adoctrinar está justamente en que la primera te coloca en el territorio de la tolerancia, lejos del odio y de la tribu. Por eso, los Premios Princesa de Asturias, desde la brumosa orilla cantábrica, saben mirar a Europa y al mundo sin renunciar a sus raíces.