OLOR A QUEMADO

Las causas por las que estos últimos días han ardido miles de hectáreas en Galicia, Asturias y Portugal pueden ser y, seguramente lo son, muy diversas. Temperaturas infrecuentes para octubre, un fuerte viento que propaga las llamas, una tierra seca tras un largo periodo de ayuno de lluvias… En definitiva, un aparente cambio climático que obliga a repensar las políticas de los distintos gobiernos. Es probable que haya que cambiar ciertos ángulos sobre el mundo forestal. Incluso que las casas no estén en Galicia donde deberían y que falte una ordenación del territorio más sensata y menos caótica. Podemos buscar las explicaciones que queramos, pero de lo que no cabe duda es que lo de este fin de semana fue orquestado: una planificación que puede calificarse de terrorista y que pretendía algún objetivo aún desconocido. Por eso no entiendo que no exista todavía en España una Fiscalía especializada ni una unidad específica de la Guardia Civil. Cuatro muertos. ¿A qué esperan? El fuego en el amado noroeste español nos recordó que la vida es mucho más que una ramplona y cobarde carta de Puigdemont.