EL GESTO

Cuando careces de ideas lo suficientemente fuertes u originales, terminas reo de los gestos. Y aunque vivimos en la sociedad de las percepciones, de los mensajes cortos y efectistas, de la escasez de pensamiento elaborado y complejo, donde cuentan más las muecas y los guiños, no podemos renunciar, al menos quienes nos dedicamos a la comunicación y queremos y aspiramos a una sociedad mejor, a armar un discurso que supere la simpleza de reducir la política a llevar o no corbata. Pedro Sánchez decidió acudir sin ella ayer al Palacio Real, en el acto conmemorativo de la Hispanidad. Fue el único. Tan digno es no ponerse corbata como hacerlo. Está en su libertad. Todos sabemos, sin embargo, que lo que pretendía era llamar la atención. A los líderes se les mide en los grandes momentos, pero los pequeños detalles anticipan los vacíos que se pueden producir cuando no hay mayor munición ideológica que el gesto. Puede ser todo un anticipo de intenciones: ese lenguaje es el que finalmente viste el comportamiento de cada uno. Nada es casual, al menos en la ausencia de corbata de Sánchez.