ETIOLOGÍA

Más allá del momento presente, de la reacción del Gobierno ante el dislate de Puigdemont y su banda, o del frágil consenso de los constitucionalistas para preservar el Estado de Derecho, por encima de todo eso pervive el problema catalán, cuya génesis contemporánea viene de lejos y cuenta con dos motores fundamentales: la educación y la comunicación. Ambas arrumbadas por el Estado, de manera distinta según el gobierno de turno. Lo inmediato y urgente es la comunicación, tanto exterior, que siendo relevante no lo es tanto, como muy especialmente la que le llega a la sociedad catalana, manipulada hasta extremos increíbles en tiempos modernos. A largo plazo, y mucho más importante aún, es devolver a la senda de la cordura y el rigor la enseñanza de materias fundamentales como la Historia o la Literatura en los colegios catalanes. Si no se abordan ambas cuestiones, junto a una estrategia ganadora y ambiciosa para la idea de España, seguiremos dando vueltas, asombrados de que la Generalitat pueda inventar una constitución de todo a cien y no ocurra nada, mientras olvidamos el estudio de las causas.