GOBIERNO DE COALICIÓN

Ahora que el problema catalán está en su punto álgido de efervescencia, se viene a demostrar lo bueno que hubiese sido para España el Gobierno de coalición que Rajoy les propuso a Sánchez y Rivera en diciembre de 2015. Enfrentar esta cuestión con un gobierno fuerte al que respaldaría la inmensa mayoría de los españoles hubiese sido lo más inteligente. No hay, sin embargo, empresa más estéril que lamentar lo que pudo ser y no fue. Tal vez ocurra algún día. Si llegase ese momento, lograríamos terminar con una de las dinámicas más perversas y estériles de la vida política española: la incapacidad de la derecha y la izquierda para entenderse. Romper así con una mala historia. Mantenerse unidos en lo esencial: la defensa de la democracia, amenazada por los golpistas. Ellos han demostrado estar dispuestos a arrasar la Constitución y no aceptan la autoridad del Gobierno central. Los partidos se instalaron en frentes independentistas que ondean –desde un Parlamento sedicioso– las estructuras del nou Estat. Esto no va a acabar bien y tal vez sea mejor así, para terminar con semejante ficción de una vez por todas.