MALA EDUCACIÓN

Una de las malas consecuencias del dislate catalán es que nos hace perder muchas energías de manera frívola y nos desvía de posar la vista y la reflexión en lo verdaderamente importante: el futuro de España y los españoles. En ese territorio del porvenir, la educación resulta trascendente. No solo es el ascensor social, desde un principio de igualdad de oportunidades, sino que es la escalera por la que alcanzamos la libertad. Por eso, siempre sospecho de esos políticos que no quieren que los jóvenes de su país estudien más, se esfuercen ni adquieran conocimiento. Es curioso cómo la izquierda se opone a ello, a base de planes de estudio simplones, gracias a los que se pasa de curso con un saco de suspensos. Así, con una población poco crítica, la demagogia crece como setas en otoño. De nuevo las estadísticas dejan nuestro modelo educativo en entredicho. Son también esos índices lo que nos demuestran que nuestro sistema no tiene un problema de presupuesto: lo hemos doblado en el último decenio. Lo que falla es el modelo. Es una verdad incómoda, pero es una de las tantas evidencias que en España no se quieren abordar.