EL SILENCIO NO ES RENTABLE

El problema del dislate catalán que ahora vivimos es que dejamos llegar muy lejos a los independentistas. Nunca contestamos a sus falsedades y, una vez más, el silencio no ha sido rentable. Si callas, otros darán tu versión, y no será la buena. En Cataluña, y en España en general, falta alguien que hable sin parar acerca de las razones históricas, económicas, culturales, sociales y de modernidad sobre las que se sustenta el proyecto español en el que convivimos. Una realidad que nos coloca entre los mejores países del mundo. Frente a esa ausencia de discurso, el nacionalismo catalán puso en marcha una obra de ingeniería social que ha contaminado ya a dos generaciones. A esos ciudadanos se les ha hurtado un debate honesto acerca de cuál es la razón por la que habitan una de las zonas más privilegiadas de Europa, tanto en lo económico como en su nivel de autogobierno. Ese motivo no es otro que pertenecer a España. Los sediciosos no lo quieren entender. Es imposible razonar ante las emociones. Por eso, cuando los argumentos ya no sirven, sólo queda demostrar que sus pretensiones son –y serán– imposibles.