UNA NORIA DE LAS LAMENTACIONES

En la resaca del secuestro del Día de Cataluña por parte de los independentistas, buenas son algunas reflexiones: Pedro Sánchez aún está a tiempo de subirse a lomos de la legalidad y la moderación frente al dislate secesionista y marcar diferencias con la formación de objetivo variable y metamorfosis múltiple que es hoy Podemos. Si unos militares movieran tanques para intentar dar un golpe de Estado, seguramente no los procesaríamos por malversación de fondos. Toda esta locura tiene como principal damnificada a la propia sociedad catalana, cada día más crispada y fragmentada, pero también afectará a la economía del resto de los españoles: la ya evidente salida de la crisis puede irse al traste por esta estúpida forma de dispararnos un tiro en el pie. Alguna patología sufre una sociedad dispuesta a aplaudir a un terrorista confeso como Otegui y a abuchear a los luchadores por la libertad del PSC. El rosario de lamentos es infinito, es como tropezarse una y otra vez con un muro pétreo, año tras año, dando vueltas a la aburrida noria.