JUSTICIA SEMIÓTICA

Lo que de verdad haría valientes a los magistrados que hoy convocan al presidente del Gobierno de España como testigo de una de las piezas de la Gürtel sería no citarlo. El camino fácil es el que han tomado, como en su día sentaron en el banquillo a la Infanta Cristina, cuando seguramente no habrían citado a otra persona sin vínculos con la Familia Real. Pero en la España actual el Estado de Derecho se nos va de las manos, y el coraje de los jueces es exactamente lo contrario: no hay narices para desatender al populismo reinante. En realidad, lo menos importante de este miércoles es lo que diga Mariano Rajoy, que igual podría haberlo declarado desde su despacho. Lo que se busca es humillarlo. La foto: el presidente sentado ante los jueces y atribulado por abogados y fiscales. Claro que, en todo lo que está pasando, alguna culpa tiene este Gobierno. Si hiciesen examen de conciencia, identificarían rápidamente sus pecados a la hora de defender la esencia de una sociedad libre basada en un Estado de Derecho. Como tantas otras veces, en el pecado está la penitencia.