¿TODAVÍA EN CRISIS…?

La crisis económica de la que ahora está saliendo España –porque hay otras crisis más graves de las que no parece fácil encontrar solución– estuvo bastante mal diagnosticada allá por el 2008 y totalmente distorsionada en su análisis en el 2011. Todavía quedan restos de humedad y aún no hemos alcanzado el nivel pre crisis, del 2007, y en algunos desequilibrios la recuperación será lenta. La realidad, de todos modos, es que España mejora mes a mes, a pesar de que la oposición política ignora ahora las dificultades sobre las que basó su discurso en pleno ojo del huracán económico. Las familias gastan más, se compran coches, el consumo interno crece, vuelven a subir las viviendas –el ahorro de la inmensa mayoría de las familias españolas–, exportamos más que nunca, crece la inversión extranjera y batimos récord de turistas. El FMI nos sitúa a la cabeza del crecimiento de las economías desarrolladas. Convive todo ello, sin embargo, con el pecado de la deuda, que hipoteca el futuro del país, el punto negro de la fiscalidad confiscatoria, y una oposición dispuesta a embarrar cualquier atisbo de luz.