LA IMPUNIDAD DEL FÚTBOL

También el fútbol debe ser igual ante la Ley. Durante muchos años, el llamado deporte rey y sus protagonistas, en especial la clase directiva, se movieron con una impunidad pasmosa. Les estaba permitido eludir a Hacienda y a la Seguridad Social, se malversaba dinero público, se utilizaban de manera gratuita instalaciones municipales, se pagaban cantidades desorbitadas y ser alto cargo garantizaba quedar blindado para casi todo. Ocurría así porque ellos invocaban la mística del fútbol. Como siempre que hay fechorías, la emoción se imponía a la racionalidad, y las aficiones estaban dispuestas a lo que fuera con tal de que su equipo ganase. Por eso buen número de clubes estaban quebrados y, a pesar de ser rescatados cada diez años, volvían y volvieron a las andadas. Menos mal que el tiempo, inapelable juez, acaba dando la razón a quienes hemos denunciado ese expolio una y otra vez. El deporte es importante para la sociedad española, pero no más que las pensiones, y no por eso las vamos a dejar quebrar. Nadie está por encima de la Ley, tampoco el fútbol.