UN SILENCIO VERGONZOSO

Algo estamos haciendo mal en España cuando las minorías vociferantes, y a veces violentas, se imponen sobre la inmensa mayoría silenciosa y acobardada. Los de la CUP tienen prácticamente secuestrado al supuesto nacionalismo moderado. Su última ocurrencia consiste en convertir la catedral de Barcelona en un economato. Lo de la ikurriña ilegal en el balcón del Consistorio pamplonés durante el Chupinazo es el enésimo ejemplo de cómo un fanatismo separatista suplanta a la voluntad general. En Pamplona ganó las elecciones UPN con diez concejales, Bildu sacó la mitad, cinco; igual que Geroa Bai. Resultado: desgobierna Bildu. Lo mismo ocurre en la Comunidad foral. Ambas instituciones están presididas por quienes no fueron los más votados. Mientras, en Venezuela, los amigos de Podemos escriben una de las páginas más tétricas y trágicas de este siglo. Ellos, al parecer, no tienen nada que decir. Como carecen de opinión cuando ahorcan a homosexuales en Irán. En política no vale todo. La extrema izquierda de Pablo Iglesias tiene mucho que explicar, pero calla vergonzosamente.