COMPLICARSE LA VIDA

España, el país que habitamos y donde hemos nacido la inmensa mayoría de los que aquí vivimos, arrastra un amplio catálogo de problemas. No más que otros pueblos vecinos, tampoco menos. El drama nuestro es que, a las dificultades propias de nuestro tiempo y circunstancias, se suma el empeño de una clase política que nos quiere llevar a la destrucción de la nación más antigua de Europa. Que se incendien los bosques, que la población envejezca, que los inmigrantes se integren a duras penas, que el yihadismo nos amenace a diario, que el cambio tecnológico nos desoriente, que no sepamos afrontar la globalización, que los estibadores reclamen la ley laboral de Franco, que la sequía agoste nuestros campos y gargantas… son desafíos que iremos superando con mayor o menor acierto. Ahora, que Junqueras busque independizar Cataluña, que Otegui apure a Urkullu para lo mismo, que Uxue Barcos coloque a Navarra en el abismo o que Armengol pretenda unas Baleares en soledad suponen contumaces empeños que nos dejan pasmados. Lo curioso es que todos ellos juntos suman el 10 por ciento de los españoles, mientras los demás callamos.