PARA VIVIR

En el periodismo también opera cierto cansancio con determinadas cuestiones de la actualidad. El catálogo es bien conocido: la impostura moral del independentismo, la náusea de la corrupción política, la inconsistencia del nuevo socialismo, la doble moral de la extrema izquierda, el acoso fiscal a los contribuyentes, el yihadismo o las dudas sobe la UE. Entre sus grietas, actúa como puede la vida. Porque si para algo están los políticos, si les cedemos parte de nuestra soberanía y los ungimos con poder, es para que podamos vivir y hacerlo cada vez mejor. Sin embargo, el perplejo ciudadano constata una conjura diaria contra él, contra sus intereses y su futuro. Son esas elites políticas, convertidas en clases extractivas, las que generan el conflicto innecesario y perseveran en el error. La vida está llena de fracasos, pero terminan por imponerse el éxito, la inteligencia y el buen sentido común. Claro que en el camino se producen muchas bajas y sueltan amarras sin orientación muchos barcos. España, tras 40 años de democracia, es una realidad mejor que la de 1977. Sobre todo, en lo material, pero no se engañe, amable lector: existe toda una conjura de necios danzando por el escenario.