COMPLICARSE LA VIDA

España, el país que habitamos y donde hemos nacido la inmensa mayoría de los que aquí vivimos, arrastra un amplio catálogo de problemas. No más que otros pueblos vecinos, tampoco menos. El drama nuestro es que, a las dificultades propias de nuestro tiempo y circunstancias, se suma el empeño de una clase política que nos quiere llevar a la destrucción de la nación más antigua de Europa. Que se incendien los bosques, que la población envejezca, que los inmigrantes se integren a duras penas, que el yihadismo nos amenace a diario, que el cambio tecnológico nos desoriente, que no sepamos afrontar la globalización, que los estibadores reclamen la ley laboral de Franco, que la sequía agoste nuestros campos y gargantas… son desafíos que iremos superando con mayor o menor acierto. Ahora, que Junqueras busque independizar Cataluña, que Otegui apure a Urkullu para lo mismo, que Uxue Barcos coloque a Navarra en el abismo o que Armengol pretenda unas Baleares en soledad suponen contumaces empeños que nos dejan pasmados. Lo curioso es que todos ellos juntos suman el 10 por ciento de los españoles, mientras los demás callamos.

VENEZUELA: SOLO DOS CAMINOS

A Nicolás Maduro le quedan solo dos caminos. Por cualquiera de ellos pasará a la historia de su país. Uno consiste en continuar masacrando a su pueblo -van más de setenta muertos- y pasar al futuro como un sanguinario dictador que llevó a su país hasta el abismo de la guerra civil. La otra alternativa es sentarse con la oposición a dialogar y abrir caminos a la concordia política y social en Venezuela. Él puede liderar esa reconciliación, partiendo de que posiblemente las urnas lo desalojen de Miraflores. Y eso ya no debería importarle si de verdad se plantea ser un líder comprometido con su pueblo. Es su última oportunidad. En sus manos está, más que en las de ninguna otra persona, aprovechar la ocasión para ser recordado como el presidente que supo rectificar y escuchar a la calle. Para ello, en lugar de poner en marcha un nuevo proceso constituyente, que significa involucionar en la idea de democracia, debería releer alguna página de la Transición española y garantizarse para él, los suyos y su pueblo, un futuro de convivencia pacífica y progreso. Me temo que Maduro pasará como un presidente sanguinario.

ACOSO AL CATOLICISMO

Que nadie tenga duda: la religión más atacada en España es el catolicismo, que es también el credo mayoritario. Semejante contradicción nos obliga a aclarar otra vez que una cosa es que el Estado democrático y moderno de España sea aconfesional, y como tal se reconozca en la Constitución, y otra bien distinta es que la sociedad no sea religiosa, no profese sus creencias ni necesite asirse a una idea de trascendencia para vivir. Ese mismo Estado moderno y aconfesional está obligado a garantizar la libertad de fe de todos, empezando por la de los católicos, que representamos el 80% de la población. Lo que intentan los populistas de extrema izquierda es mostrar de nuevo su rostro más sectario y totalitario, a través del acoso a los cristianos mediante las estructuras de poder que ellos ahora mismo controlan. Como siempre a lo largo de la Historia, una minoría violenta y chillona se impone a la mayoría, que se muestra cobarde y silenciosa. No se trata de imitarlos en su persecución, ni de perder la fuerza moral que en este terreno nos asiste a los católicos. Sencillamente, hay que poner en valor el principio de que la misma ley que ampara tu libertad protege la mía.

LA YENKA SOCIALISTA

Créanme que no quería volver a escribir de Pedro Sánchez, al menos en unos días. Sin embargo, resulta inevitable porque el líder del primer partido de la oposición no deja de brindarnos nuevas oportunidades para no quedarnos callados. Este mismo martes, el PSOE estaba a favor del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá. El miércoles, todo lo contrario, por entender que este tipo de acuerdos internacionales «concentra más poder a costa de derechos». Y ayer, jueves, optó por quedarse en el medio. Es decir, abstenerse, que va a ser el verbo que más conjuguen si quieren ser mínimamente responsables y demostrar sentido de Estado. Lo que ocurre es que la secuencia nos ratifica en eso que muchos pensamos acerca de la simpleza de una generación de socialistas que parecen más niños caprichosos que dirigentes intelectualmente bien formados. Atentos, por tanto, a las distintas «yenkas» -de adelante, atrás y en el medio- que nos va a ofrecer el PSOE en el tiempo que le resta a esta legislatura. Todo sería muy gracioso si no fuera porque se juega con el futuro de España y, por tanto, con el de sus ciudadanos.

PARA VIVIR

En el periodismo también opera cierto cansancio con determinadas cuestiones de la actualidad. El catálogo es bien conocido: la impostura moral del independentismo, la náusea de la corrupción política, la inconsistencia del nuevo socialismo, la doble moral de la extrema izquierda, el acoso fiscal a los contribuyentes, el yihadismo o las dudas sobe la UE. Entre sus grietas, actúa como puede la vida. Porque si para algo están los políticos, si les cedemos parte de nuestra soberanía y los ungimos con poder, es para que podamos vivir y hacerlo cada vez mejor. Sin embargo, el perplejo ciudadano constata una conjura diaria contra él, contra sus intereses y su futuro. Son esas elites políticas, convertidas en clases extractivas, las que generan el conflicto innecesario y perseveran en el error. La vida está llena de fracasos, pero terminan por imponerse el éxito, la inteligencia y el buen sentido común. Claro que en el camino se producen muchas bajas y sueltan amarras sin orientación muchos barcos. España, tras 40 años de democracia, es una realidad mejor que la de 1977. Sobre todo, en lo material, pero no se engañe, amable lector: existe toda una conjura de necios danzando por el escenario.

ESCUCHAR A LA CALLE

Bien harían los socialistas españoles en escuchar un poco más a la calle, y algo menos a la militancia radical. Porque, para gobernar España, es preciso conseguir entre 8 y 10 millones de votos, cifra que desde luego no se alcanza con la plurinacionalidad que nadie explica y nadie entiende, ni desde la imitación de la extrema izquierda. Viene como anillo al dedo el ejemplo de Benoît Hamon, quien acaba de dejar en la indigencia a los socialistas franceses. En las primarias de su partido, barrió al moderado Valls. Frente a esa apuesta de la militancia, la ciudadanía relegó a Hamon -un tipo radical y malencarado- al último lugar en las presidenciales y prácticamente tocó su suelo histórico en las legislativas. El ánimo electoral real casi nunca se corresponde con el de los afiliados. Si Pedro Sánchez aspira a lograr más de ocho millones de votos, bien haría en prestar oídos a la calle, a la gente normal, a los que en realidad deciden, y a todos aquellos españoles a los que les horrorizan la insolidaridad y la impostura moral de los sediciosos. Que tome nota de Macron, por cierto, ministro socialista en su día.

¿PLURI QUÉ?

pluriAconsejar a Pedro Sánchez es un error, porque él sabe equivocarse solo. Sería bueno de todos modos, si quiere gobernar España, que haga unas lecturas elementales para entender el país que aspira a dirigir. No estaría de más que leyese a Sánchez Albornoz, a Américo Castro y a Salvador de Madariaga. Aunque quizá lo desconozca, fueron tres grandes intelectuales que tuvieron que exiliarse en la Guerra Civil. Una vez profundice en sus reflexiones, entenderá que esa España plurinacional que él propone es lo más antagónico a ser de izquierdas. Que lo que consigue al impulsar la plurinacionalidad es apostar por una derecha nacionalista insolidaria, además de cargarse el principio de igualdad inherente a la idea de democracia. Debe aclarar Sánchez si eso de la plurinacionalidad es un atajo para llegar a La Moncloa, a costa de descomponer España en forma de territorios con autonomía en donde cada uno interpreta la Ley a su manera, como hacen ya los sediciosos catalanes. En caso de que Sánchez no pueda acometer las lecturas sugeridas por falta de tiempo, que las estudie Ábalos y se las explique al secretario general, pero no en dos tardes, que luego pasa lo que pasa.

EL PROBLEMA ES LA DEUDA

deuda disparada
La deuda de España supera ya el total del PIB. Debemos más de un billón de euros. No deja de ser chocante que los números rojos del Estado crezcan día a día, cuando la avaricia recaudatoria de Hacienda bate su récord histórico, hasta el punto de que sus responsables presumen del notable incremento de lo embolsado. Como consecuencia de esa paradoja, en esta España donde hasta los de derechas se comportan como los de izquierdas –al menos en la vampirización de los recursos privados–, se acentúa la división entre la clase productiva y la extractiva. Los primeros se juegan su patrimonio y ganan dinero porque los consumidores libremente los eligen, al mismo tiempo que generan riqueza y satisfacción entre la ciudadanía. Los segundos, los extractivos, disfrutan de su momento de mayor pujanza, aunque lo único que hacen es aumentar el gasto público: es decir, endeudarnos para el resto de nuestras vidas. Ya que se llevan nuestros euros, por favor, derrochen menos y paguen la deuda. De momento, gracias a los de la clase creativa, comemos más barato, vestimos por menos y viajamos con tarifas más bajas.

SER DE IZQUIERDAS

socialismo
Resulta difícil marcar con claridad la fina línea que hoy separa a la derecha de la izquierda. Los socialistas de Pedro Sánchez quieren ser la izquierda, pero ¿qué significa exactamente ser de izquierdas en la actualidad? Gran parte de sus reivindicaciones clásicas ya las compró la derecha. Solo hay que analizar con un mínimo de rigor el vigente Gobierno de Rajoy o las propuestas de Ciudadanos. La confrontación ahora mismo es entre los que defienden el sistema y los que pretenden cargárselo. O entre la clase productiva, aquellos que generan riqueza, y la clase extractiva, entre los que sobresalen los burócratas de toda militancia política. A estas alturas de mi vida, puedo decirles por qué estoy desencantado de la izquierda: prefiere repartir lo que ya existe, en lugar de aspirar a crear algo nuevo; está convencida de que tiene la razón moral y desprecia de una manera absoluta a los que no comparten su punto de vista; finalmente, mantiene una mala relación con las matemáticas y las cifras reales, lo que genera una enorme frustración entre los ciudadanos.

JUSTICIA IMPERFECTA

injusticia
Los jueces, que están hechos de hombres, no siempre protegen a la sociedad con sus decisiones. Quedó demostrado cuando dejaron en libertad a 97 asesinos, una vez que en 2013 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos modificó la doctrina Parot con carácter retroactivo, y salió a la calle el «violador del ascensor», detenido de nuevo esta semana por varios delitos. Si los jueces no defienden a la ciudadanía, ¿qué hacen exactamente? Dean Spielmann, el presidente del TEDH, felicitó a España por ser el único país de toda Europa que ejecutó aquella sentencia inmediatamente, en 24 horas, a pesar de que la Audiencia Nacional sólo tenía un texto en francés y de que otras autoridades no se percataron de que convenios más recientes no obligaban a su aplicación y, desde luego, nunca con la celeridad empleada. Es decir, Spielmann nos llamó a los españoles «gilipollas», aunque él forma parte de los destacados en el campeonato de comprobar quién es más progre a base de desproteger a la gente normal, a los que cumplen con la Ley, atienden sus obligaciones y pagan sus impuestos.