LA LITERATURA DE LA UCO

injusto

Partimos de que cualquier ciudadano responsable y comprometido con los valores democráticos aplica –aplicamos– tolerancia cero con la corrupción. Ello es compatible con la exigencia de respeto al Estado de Derecho y la custodia esmerada de algunas figuras como la presunción de inocencia y el derecho al honor. En caso de duda, se está a favor del reo; la carga de la prueba corresponde al acusador. Si arramblamos con estas garantías, y lo estamos haciendo, solo generamos inseguridad jurídica. Los ciudadanos tenemos derecho a que se persiga a los corruptos, y también a que jueces y fiscales sean escrupulosos con el ordenamiento jurídico y que las fuerzas del orden no caigan en abusos de poder. No puede ser peor el remedio que la enfermedad. Esta plaga que asola España, que pone bajo sospecha la política y la empresa por un uso presuntamente salvador del derecho penal, camina hacia la peor de las corrupciones: el exceso de quienes deben velar por el Derecho y dictar justicia. Un juez acaba de advertir a la UCO que o se cuenta la verdad o se calla uno, pero no se hace literatura con la vida de las personas.