COMBATIR EL ODIO

dolor

Cada vez que sufrimos un atentado como el de Mánchester, debemos repetir nuestra salmodia de lamento y condena. No estoy de acuerdo con quienes aconsejan permanecer callados porque nuestras voces y gritos de nada servirán. Una vez más, el silencio no es rentable; tenemos el mandato moral de recordarles a los asesinos que los repudiamos y que los combatimos porque pertenecemos a la civilización que antepone el derecho a la vida sobre cualquier otro. Ahora se trata de determinar con exactitud el origen del mal; ese que alimenta la convicción de que masacrando a inocentes, como este lunes en Reino Unido, se hace justicia terrenal o divina. Me temo que el fanatismo acompañará al ser humano siempre. Lo tremendo es esa sensación de involución, de vuelta atrás. Entre todos, deberíamos comprometernos en señalar y derrotar las fuentes del terrorismo. Hoy toca llorar por Mánchester. Mañana, reflexionar muy seriamente acerca de lo que podemos hacer para enfrentar tanto odio.