…Y LA NAVE VA

shipalong

La luz cegadora de los casos de corrupción nos obliga, en ocasiones, a distraernos del discurrir cotidiano del resto de la ciudadanía. A dejar aparcado lo importante en favor de lo urgente. Y siendo muy grave la corrupción, sería aun peor que existiese y no fuese perseguida, o que la división de poderes en España no se manifestase, al margen de la ganancia de pescadores oportunistas y populistas. Porque en este país que algunas televisiones reducen a la caricatura maloliente de la malversación política -y ya escribimos muchas veces que terminaría volviéndose contra ellas-, la vida continúa con su inexorable caminar: se entrega el Premio Cervantes a un magnífico y simpático escritor español, nacido en Cataluña; se conmemora un cuarto de siglo de la inauguración de la Expo de Sevilla, la economía crece por encima de lo estimado, y la subcultura de la queja se va reduciendo a la otra trama de acusadores, en la que se entremezclan populistas sobrevenidos con aprovechados de derechas junto a los eternos socialdemócratas, que en nombre de la democracia aprovechan cualquier fallo de las personas para cuestionar el sistema. Y el sistema va.