SERENIDAD

captain

A la vida política española le falta serenidad. Todos tenemos cierta cuota de responsabilidad en esta tormenta emocional que nos afecta. Aunque unos más que otros. La Historia, como el tiempo, colocará a cada uno en su sitio, como ha hecho inexorablemente a lo largo de los distintos períodos del discurrir del hombre. Mantenerse paciente y flemático no siempre es fácil, aunque sirve para forjar un carácter. Mariano Rajoy, que está creando escuela en ese sentido, tal vez necesite doble ración de estoicismo y sobredosis de serenidad. Cuando la acusación popular busca sacar otro rédito distinto al de hacer justicia, el aplomo tiende a flaquear. Estamos en el todo vale. Buena prueba de ello es el bus de Podemos, otra demostración de la falta de respeto a los derechos ajenos. En su día hostigaron a ciudadanos en sus domicilios, acosaron la sede de la soberanía nacional, el Parlamento, y ahora asedian el honor ajeno con el autocar. Es todo lo mismo, totalitarismo de manual que sobrevive gracias a unos medios de combate de extrema izquierda, insólitos en toda Europa.