EL DISFRAZ DEL CÍNICO

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Primero dijeron, como Hugo Chávez, que estaban contra «la casta». Y como Chávez, imitaron lo peor de ella; el nepotismo. Colocaron a sus maridos y novias, especularon con viviendas sociales, se entregaron a las mariscadas que esquivan a los parados, cobraron por no trabajar, vuelan en business, se escaquean ante Hacienda, dicen un cosa y hacen la contraria, y envuelven de democracia asamblearia lo que no es más que un viejo y soviético culto al líder, que roza la náusea. Ahora han descubierto «la trama». Y su supuesta denuncia no consiste en mayor aportación que mostrar los pecados de una economía libre que ya pasa por los juzgados cada vez que el radar de la Policía y la Justicia detecta irregularidades. La experiencia nos dice que, cuando ellos tocan poder, su trama se instala y ese fiscalizador, que se llama división de poderes en democracia, deja de funcionar. La historia, que sigue siendo necesario estudiar sin adulteraciones, enseña que los cínicos, cuando conocen bien su trabajo, terminan simulando ser honestos y hasta alcanzan la osadía de denunciar a los demás. Acabarán siendo trama.