CONVERSACIÓN VENEZOLANA

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La denominada revolución bolivariana solo puede terminar en contrarrevolución, como así lo atestigua la Historia cada vez que ponemos la lupa sobre procesos similares. Salvo que Nicolás Maduro, en un arranque de lucidez, proponga un diálogo real y sincero para pactar una salida con la oposición a través de un gran pacto nacional de reconciliación. O se acuerda algo parecido, o Venezuela se aboca a un conflicto con derramamiento de sangre. El peor escenario. De todos estos años de chavismo, no queda más que un país desorientado, empobrecido, cuyos supuestos ideales de redención del pueblo se cuentan por fracasos. Solo así se explica que uno de los territorios más ricos del mundo en recursos naturales camine al borde de la hambruna. Las revoluciones son una oportunidad para cambiar. Cuando se empeñan en perdurar, degeneran en insufribles, intolerables e intolerantes. Gobierno y oposición deberían dialogar, es decir, escuchar al otro, incluso preguntar. Tal vez Rodríguez Zapatero ya no tenga toda la credibilidad para actuar de catalizador en esa necesaria conversación venezolana.