FUERA ES FUERA

fuera
Pretender que una decisión excepcional, como la de Gran Bretaña de abandonar la UE, no tenga consecuencias de igual calibre refleja una ceguera suicida frente al resquebrajamiento de Europa. Los británicos, a tenor del contenido de la carta que activa el Brexit, buscan seguir disfrutando de todo lo bueno de la UE -en especial, del máximo acceso libre a su mercado único-, pero sin poner un euro ni someterse a sus leyes. Sería algo así como una cobarde adaptación del proyecto común a sus exigencias, que además los euroescépticos terminarían imponiendo para otros países. Es decir, las cesiones al nacionalismo y al populismo se cargarían el sueño europeo. Por eso es bueno que quede claro que quien quiere estar fuera de la UE está fuera, con todas sus implicaciones. En Europa vivimos tan sólo el 6 por ciento de la población mundial. Representa el 20 por ciento del PIB global y en su Estado del bienestar se invierte el 60 por ciento del gasto social de todo el planeta. Pertenecer a este exclusivo club implica un coste y el que sale lo hace a todos los efectos. Te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro.