AGITAR EL NOGAL

nogal
ETA dejó de matar a su pesar. Lo hizo porque todo aquello que va contra la racionalidad termina fracasando. También, y sobre todo, porque cayó derrotada por el Estado de Derecho, por la democracia. En el camino, dejaron un reguero de sangre: 829 personas muertas, centenares de heridos, decenas de secuestrados y miles de extorsionados. Además de una sociedad dañada, traumatizada, en la que, en muchas ocasiones, los valores fueron subvertidos y corrompidos. En medio de todo ello, se perpetró una considerable pérdida económica –¿dónde estaría hoy la empresa vasca si no hubiera existido ETA?– y se desvirtuó en gran medida la vida política de aquella tierra y, en parte también, de España. El nogal, en expresión lamentable de Arzalluz, dejó de ser movido. Ya se recogieron todas las nueces que cabía recolectar. La historia no será benévola ni con ETA ni con los que se beneficiaron de ella. En esta hora, solo quedan la grandeza y la magnanimidad de quienes vencieron; y el perdón, que nunca el olvido.