RENOVACIÓN SINDICAL

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Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC.OO., se va. Demuestra así que tiene menos apego al cargo que su viejo compañero, Cándido Méndez, que superó de largo los veinte años en UGT. Toxo es un sindicalista forjado en los duros años de la reconversión naval. Un sindicalista de verdad. Conoció también la clandestinidad, y participaba de una visión honesta, aunque antigua, del papel de los sindicatos. No tengo ninguna duda de su buena voluntad, pero con eso no siempre se arreglan los problemas y menos se recomponen los tejidos industriales que los tiempos modernos se llevaron por delante. Toxo se va porque quiere que Comisiones siga evolucionando. Tiene razón. No se puede seguir concibiendo el sindicalismo como si estuviésemos en el Novecento. En un mundo de transformaciones tecnológicas, de cambios de paradigmas laborales, de creciente robotización, parece un craso error continuar en la vieja dialéctica de los pobres obreros frente a los ricos empresarios. No solo hay que cambiar a la sociedad para bien, los sindicatos deberán también saber qué les toca a ellos mismos en ese proceso de renovación.