EL INSTANTE CATALÁN

sant celony
Los escándalos del Palau y de la familia Pujol brindan dos evidencias de que el oasis catalán no era tal y de que la deriva independentista, alentada por Artur Mas, oculta una cortina de humo, además de una ensoñación. Conviene tener presentes ambas motivaciones prosaicas, porque lo que algunos quieren presentar como gran política no es más que la mezquina salida para la apurada situación de los del 3 por ciento. Todo el denominado «proceso» se levanta sobre un artificio discursivo y unas falsedades históricas apenas combatidas o desmontadas desde el lado constitucionalista, lo que ha facilitado su aceptación por parte de una sociedad emocionalmente herida, dispuesta a tragar un discurso ajeno a la verdad y basado en la pura irracionalidad. Pero con estos bueyes hemos arado hasta ahora, sin que nadie ponga negro sobre blanco que lo que en realidad querían los desaparecidos convergentes es que el cortijo siguiese a su disposición, bien lejos del Estado de Derecho y de los controles elementales de cualquier democracia avanzada. Esto, y solo esto, explica el momento catalán.