QUE HABLEN LOS BUENOS

hombres hablando
Ante la oleada de gestos y acciones de los odiadores, conviene insistir en que la mayoría de los ciudadanos son exactamente lo contrario. Que los buenos suman multitud, pero solo se escucha a los malos. Tal vez el enigma por descifrar sea la verdadera razón por la que los más perpetran su silencio frente a la irrupción violenta de los menos, los que dicen aborrecer a «los españoles», los que coaccionan a los periodistas, los que acosan en la red, los que insultan al distinto… Quizá es hora de que esos muchos que ronronean por lo bajo su indignación alcen la voz. Lo políticamente correcto se ha vuelto un corsé demasiado constrictivo de la expresión de los de a pie, de la gente común. Ha llegado el tiempo de romper la procesión de los silentes para decir lo que casi todos pensamos. En este caso, como en tantos, permanecer mudo no es rentable. En un mundo tan interconectado, al menos en la vida pública, ya no vale aquello de que a nadie perjudicó estar callado. Hay muchos más ciudadanos buenos que malos. Es el turno de los primeros: de la silenciosa y poderosa sociedad civil.