CIEGOS ANTE LA BARBARIE

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Es difícil legislar sobre determinados comportamientos del ser humano. Frente a la plaga de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, poco más que impotencia podemos mostrar. Sin embargo, algo estamos haciendo mal, y en cierto modo somos corresponsables casi todos. Un impulso atávico, guarecido en algún lugar remoto de la cabeza o del corazón del homo sapiens, rebrota para convertir la violencia de género en un azote endémico. Damos palos de ciego con campañas informativas, protecciones policiales, denuncias previas, juzgados especializados… pero se nos escapa aquello que nos explique qué ley puede detener a un hombre que ha decidido matar a su compañera y quitarse la vida él mismo. Es curioso que sea en países avanzados donde esta tragedia se expande en los últimos años. De ahí que no comprendamos la complejidad del problema y que no logremos estudiar las verdaderas y últimas causas por las que las sociedades más modernas no logran vencer el incremento de esta barbarie.