EL CONSTITUCIONAL

constitucional
Acertar en los nuevos vocales del Tribunal Constitucional supone una tarea de notable trascendencia para el futuro de España. Demasiado tiene ya sobre la mesa este país como para que se caiga ahora en la elección de perfiles pusilánimes que consideran al TC como estación termini, y a los que les cuesta comprometerse con la defensa de los valores democráticos que recoge la Carta Magna. A veces crea desasosiego recordar la conducta de algún magistrado llamado a salvaguardar el bien común de los españoles, que termina por descender a la inhibición, o incluso por tomar la salida partidaria. El dicho popular mantiene que es mejor equivocarse con los buenos que acertar con los malos. Nos jugamos mucho, y no precisamente en la legislación laboral. Ahí están los alemanes, cuyos constitucionalistas no vacilaron en fijar su posición sin rodeos sobre un pretendido referéndum en Baviera. Ojalá hubiese tanta firmeza y claridad en España. En algunas materias esenciales no debería haber dudas. El buen magistrado, además de conocer la Ley, debería estar comprometido con la España democrática.