DEJAD EN PAZ A LOS NIÑOS

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Que los niños catalanes acudan a las cabalgatas de Reyes con esteladas y otros símbolos independentistas no tendría mayor importancia, si no hubiese por detrás una manipulación histórica, un fraude social, el afán de levantar un muro emocional, además de una vergonzosa utilización de los inocentes. A las ideas insensatas no les demos el valor de nuestro escándalo, ni alimentemos a sus promotores con nuestra antipatía. Tan solo censuremos con serenidad la instrumentalización del candor infantil. Algo reprobable desde cualquier punto de vista, pero sobre todo cuando a esos pequeños se les educa en el odio al vecino, al otro, incluso en muchos casos a los propios familiares que piensan distinto. Dejen a los niños en su infancia, uno de los pocos paraísos que el ser humano ha logrado preservar. Déjenlos disfrutar de la emoción y la magia de un atardecer de enero que, más allá del desfile de carrozas, encierra una de esas mentiras piadosas con las que se construye la felicidad más temprana. Tengan piedad de su ingenuidad y nos les inoculen sus hostilidades. No les roben su noche de Reyes.