CARPE DIEM

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El Estado del bienestar ha venido para quedarse. Ningún partido en la Europa moderna lo cuestiona. Solo hay dos aspectos significativos que diferencian a unos de otros: cómo se hace sostenible y su calidad. España, se ponga la oposición como se ponga, goza de una oferta de políticas sociales entre las más avanzadas del mundo. No en vano, nuestro país ocupa el octavo lugar entre los que mayor porcentaje del PIB destinan a garantizar esa cobertura universal. En el arranque de 2017, las ventajas se amplían inteligentemente con la extensión del permiso de paternidad a cuatro semanas. Hace años que Francia tomó esa iniciativa, y se notó en la natalidad. Ahora nuestros vecinos van un poco más lejos. Desde ayer, podrán desconectar del todo al salir del trabajo. Se garantiza por ley que no te llamarán fuera del horario laboral ni tendrás que preocuparte por lo que suceda durante tu tiempo de descanso. Todo lo que sea dar calidad a la vida, a través del Carpe Diem, bienvenido sea. Pero de lo sublime a lo ridículo hay un paso. Es probable que los franceses lo hayan dado. Aunque, en esto, discuten autores.