DE LA LEY A LA LEY

TSupremo
Aquellos que creen, con más buena voluntad que otra cosa, que el problema del secesionismo catalán se arregla con una reforma de la Constitución se equivocan por completo. Como tampoco se resuelve con un pacto territorial unilateral, que nos empuje a todos al caos. A nada que se apliquen pequeñas dosis de racionalidad y honradez, se concluye que el desafío solo se puede enfrentar desde una claridad que desmonte las mentiras de nacionalistas e independentistas, y con una estrategia ganadora de la idea de España basada en el afecto y la compresión mutua. El resto, digámoslo con franqueza, es un intolerable y falso relato de los separatistas vascos y catalanes, cuya situación privilegiada les permitió pasarse estos años de crisis poniendo zancadillas y recreándose en su megalomanía, no exenta de una extraña mezcla de complejos de inferioridad y superioridad, de intensidad variable según el día, el lugar o el interlocutor. Entre los miles de comentarios que se vierten sobre este asunto, me quedaré con aquel que dice que solo desde la Ley se puede reformar y construir otra Ley.