ESTABILIDAD

feliz 2017
Como todos los días, hoy estamos en el arranque de la construcción de nuestro futuro. El de cada uno de nosotros, el de España. En uno y otro porvenir, nosotros tenemos mucho que decir. Y hacer. Cada uno en su nivel. Lo mejor que ahora mismo ofrece nuestro país, por increíble que parezca tras este año que termina, es su estabilidad política. A ello ha contribuido como pocos el carácter ponderado y pundonoroso de Mariano Rajoy, a quien el tiempo hará más justicia que sus contemporáneos compatriotas. Aunque eso ya es un clásico. Entre lo mejor que podemos desearnos esta Nochevieja, debe encontrarse la estabilidad, más necesaria que nunca. Aporta serenidad, perspectiva y certeza para la toma de decisiones correctas. Al fin y al cabo, todos queremos seguir viviendo en el futuro, en los años que nos esperan por delante, en los veranos que confiamos disfrutar y en los territorios inexplorados que hoy mismo nos afanamos en descubrir. Feliz 2017.

CONTAMINACIÓN

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No podemos seguir entendiendo la vida en las ciudades como hasta ahora. Como en su día otras grandes urbes de Europa, probablemente Madrid tendrá que replantearse la circulación por determinadas zonas, estudiar la peatonalización de otras y la mejora de la eficiencia del transporte público en general. Entre los muchos asuntos que deben ocupar a la «buena política» en los próximos tiempos, figura la manera de vivir el territorio urbano. También aquí vamos a encontrar ideología, resentimientos y grandes diferencias entre quienes gobiernan bien y quienes lo hacen a golpe de ocurrencias e improvisación. Es lo que ocurre ahora mismo en Madrid: el problema existe, y sus posibles soluciones; pero la ecuación por la cual se busca una salida más racional y menos dañina para el ciudadano no es precisamente el espectáculo que nos ofrece doña Carmena y su troupe. La capital, Madrid, no es de la alcaldesa; es de sus habitantes y ellos deben ser los primeros en cuidarla. La buena política es un ejercicio de equilibrios, y a los populistas siempre se les va todo de un lado.

EFICACES

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Nos hemos ocupado mucho de la corrupción, y con razón, pero su luz cegadora nos ha ocultado otros aspectos. Por ejemplo, es lamentable el nivel de ineficiencia que demuestra determinada clase política al frente de la gestión de las cosas públicas. Los ayuntamientos gobernados por los populistas están administrando mal cientos y hasta miles de millones. En política, ser ineficaz sale gratis. Hasta es posible que te puedan volver a elegir. Eso no es óbice para que la ciudadanía sufra la pésima gestión de quienes no logran ejecutar los presupuestos, por tanto no hacen obras, no ponen las ciudades al día, no invierten, no generan empleo, ni riqueza, todo se deteriora, somos improductivos, la gente se va al paro, se desmoraliza y todo lo arreglamos anunciando más limosnas públicas para quienes podrían crecer en libertad y progreso. Los ayuntamientos populistas nos hacen cada día un poco más pobres, que es justamente lo que ellos quieren. Al final va a ser cierto lo que aquel castizo decía: que era mejor una persona quieta que dos que se mueven en dirección equivocada.

EL PSOE QUE NECESITA ESPAÑA

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Al Partido Socialista de España, al PSOE, le urge abandonar las retóricas neopopulistas y regresar a la centralidad. De lo contrario, se quedará sin territorio, y no reconocerlo es un paso más hacia la solución equivocada. Empezó a perder su espacio con José Luis Rodríguez Zapatero. Para entonces, en 2004, Tony Blair, referente de la socialdemocracia europea, había enseñado el camino: volver al centro, alejarse de los nacionalismos, tratar de entender a tu gran rival –en este caso el PP– como un seguro cooperador en defensa del interés general y dejar los cordones sanitarios para las verdaderas epidemias, nunca para el juego democrático de la política de altura. Me temo que el «susanismo» puede parecerse mucho al «sanchismo», aunque cambie el jinete. El nuevo líder socialista deberá dar a su partido una nueva posición, si quiere gobernar otra vez el país algún día. Por lo pronto, creer en España y orillar a dirigentes fascinados por el nacionalismo. A continuación, adoptar una posición clara frente a los retos que inquietan a los españoles, y entre los que no se encuentra precisamente derogar la reforma laboral.

LA VIDA EN UNA NOCHE DE PAZ

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Está bien que sigamos tirando de los tópicos. En ellos se guarece, con mucha frecuencia, la verdad. Para mí hoy es uno de los días más bellos del año, justamente por su noche, y por todo lo que en ella se representa. Siempre me negaré a desdeñar esta fiesta y su misterio. Forma parte de mí y es una buena síntesis de todo lo que me enseñaron mis mayores, así como los valores que estoy dispuesto a defender: la grandeza de la vida, la paz, la libertad, la familia, los hijos y el ansia irrefrenable de querer ser mejor y convivir con los demás. El mayor deseo para el prójimo es que logre vivir todos los días de su vida, ya que hasta el momento no hemos descubierto nada mejor que la propia vida, representada y celebrada esta Nochebuena en el nacimiento de un Niño que vino a decirnos que Dios es bondad y que para que los hombres tengan buena voluntad es necesaria la paz. Y el milagro volvió a repetirse ayer, a bordo de la fragata española Navarra, donde los médicos militares, obraron que una inmigrante diese a luz a su niña, llamada Muna Navarra. Bienvenida a la vida. Bienvenida a España. Un brillante augurio en esta noche de paz.

DESLEALTAD SOCIALISTA

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Estábamos todos convencidos de que el PSOE había vuelto a la senda del patriotismo y a la defensa de los valores democráticos. Es decir, que había regresado a la centralidad. Lo celebrábamos hasta ayer mismo, cuando otra vez decidieron tirar por el camino equivocado y privar al Estado de Derecho de todos los españoles de su capacidad para protegerse frente a quienes quieren incumplir la Ley y romper la nación. Ahí está de nuevo el PSOE, justo donde no lo esperan sus electores. Ya no se trata de apoyar al PP. Está en juego España. Para ello, es necesario recuperar el diálogo, con la lealtad constitucional de fondo y como motor de todo cambio y pacto. Los socialistas, que se han pedido a sí mismos un tiempo para recomponerse, nada resolverán si se comportan como felones con la idea fundamental de la unidad del país. Por el contrario, tienen ahora la oportunidad de distanciarse de los populismos y presentarse como alternativa seria a los gobiernos del PP. Claro que, por el camino que tomaron este martes, van derechos a la irrelevancia.

LA UTOPÍA DE LA NORMALIDAD

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Todos los pueblos necesitan una utopía, un valor límite al que tender, aunque roce lo imposible. Es esa propensión hacia lo utópico la que los ha hecho progresar. El drama viene cuando estas mismas sociedades pueden llegar a comprobar su involución. Es el caso de Venezuela, país hermano y tan querido por España. Un paraíso bendecido desde su creación con todo tipo de bienes naturales. Su historia, sin embargo, está atravesada por el empeño de los hombres en malbaratar su fortuna inicial. Una de las mayores potencias petroleras del mundo vive probablemente uno de sus peores momentos. Cuesta mantenerse mudo y neutral ante semejante deterioro. Maduro debería plantearse en serio dar una solución a sus compatriotas. Un entendimiento civilizado, que permita recuperar las cuotas de normalidad del pasado. Esa es ahora la mayor ambición, casi utópica, de los venezolanos. Poca cosa y, sin embargo, una empresa de compleja gestión. Venezuela es hoy el mejor ejemplo de que todo puede ir a peor.

UNA HISTORIA DE ÉXITO

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Los españoles, por múltiples razones históricas, siempre tuvimos hambre de Europa. Desde que la Guerra de la Independencia echó a Pepe Botella y a sus afrancesados, no logramos recuperarnos hasta el final del siglo pasado, en que regresamos por la puerta grande al sueño común europeo. Tal vez por eso, hemos sido uno de los países que más entusiasmo muestran por la UE. A pesar de las cuotas lecheras, los excesos normativos y tantos otros motivos de disgusto, lo cierto es que la reciente relación entre España y Europa es una historia de éxito, con un balance a todas luces positivo. Así se explica el resultado de la encuesta que este domingo publica ABC. Claro que los ciudadanos de aquí y de allí jugamos con fuego, sobre todo cuando hacemos recaer toda la responsabilidad del auge del populismo en un proyecto de paz y unidad como es hoy la UE. Estamos perdiendo cultura política: de ahí el deterioro de las democracias, de ahí el entusiasmo por las derivas radicales de todo signo; origen de nuestras desgracias pasadas que, parapetadas tras las urnas, amenazan con volver.

OTRA CATALUÑA

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Cataluña es mucho más que los grupos independentistas. Hay otra Cataluña: la que trabaja, la que logra vender miles y miles de millones de mercancías al resto de España. Una Cataluña real, atada por el cordón umbilical de la vida cotidiana a su verdadero país, con el que ha crecido y progresado en todas las centurias de su historia. Los medios de comunicación nos equivocamos cuando solo ponemos la lupa y el altavoz en aquellos que instrumentalizan el supuesto sentimiento separatista para sus intereses particulares. El pueblo catalán en general tiene muy poco que ver con el problema que unos políticos han creado, y que unas élites económicas quieren aprovechar. Los ciudadanos que día a día levantan Cataluña, los de buena voluntad, empiezan a estar cansados de la deslealtad democrática de quienes solo piensan en su peripecia personal, mientras la sociedad se desliza hacia el deterioro. Hay otra Cataluña: la de la mayoría. Esa es la actualidad que nos debe ocupar, y no el carnaval sedicioso.

ALEPO: CUANDO LA GUERRA ES DE VERDAD

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El final de la guerra en Siria parece todavía lejos, a pesar de lo que acontece estos días en Alepo. Las crónicas que Mikel Ayestaran remite para este diario relatan el horror de un conflicto en el que todos lo hemos hecho mal. La Primavera Árabe devino en un infierno, donde todo se arrasó y el valor de la vida humana quedó reducido a cero. Como la contienda no iba con nosotros, hemos pasado este tiempo mirando hacia otro lado y solo nos preocupamos cuando un millón de sirios llamaron con estruendo y urgencia a la puerta de nuestra casa Europa. Las diplomacias occidentales, concernidas tan solo con la reconstrucción posterior tal y como obscenamente demostraron en Irak, han protagonizado junto con la ONU, la UE y los Estados Unidos una vergonzosa situación, cuyo balance es uno de los conflictos más crueles del último medio siglo. Esta vesánica y contumaz diplomacia del mundo rico quedó en evidencia cuando rusos y yihadistas llamaron «guerra» a lo que nosotros decíamos «Primavera Árabe».