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La opinión pública «políticamente correcta» de Estados Unidos y Europa anda escandalizada por el auge del populismo. Lo achacan a la desinformación de quienes votan a los nuevos brujos de la política. La brujería suele entenderse bien con la ignorancia. De ambos germinan las crisis. La que vivimos ahora es aguda y encuentra sus raíces en nosotros mismos. La sociedad actual, supuestamente avanzada, desprecia valores y principios democráticos, algo impensable hace apenas unos años. Y lo hace, en gran medida, llevada por el desconocimiento. Sus debates se basan en mentiras. España es un buen ejemplo. La información que maneja el ciudadano medio es epidérmica y fragmentada. Faltan lecturas. Se manipulan los datos. Se esquematiza y simplifica el pensamiento. El espectáculo sustituye a la reflexión. En medio de todo eso, proliferan los movimientos populistas, desde donde la mediocridad política espera encontrar atajo para sentarse en las poltronas que dice despreciar. Necesitamos que la sociedad vuelva al pensamiento complejo y elaborado, que se desprende de la lectura. Por eso hace usted tan bien leyendo este diario.