ENVIDIA

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La envidia, además de pecado inútil, es la forma más sincera de admirar a alguien. Siento envidia de esa clase política norteamericana que, cuando pierde las elecciones, lo reconoce y se ofrece siempre a colaborar por el bien y la unidad de su país. En la noche electoral de 2008, el republicano McCain dio uno de los más bellos discursos de patriotismo y de aceptación de la victoria del joven Obama. Ayer lo hizo Hillary Clinton, casi con la misma brillantez aunque menos emocionada. En España, desgraciadamente, tenemos una clase política muy poco dada a admitir su derrota. El peor ejemplo fue Pedro Sánchez, empecinado en no aprender de su fracaso, cuando resulta que es en la adversidad cuando la buena semilla que destapa un tropiezo puede germinar y florecer en nuevos horizontes. Los dioses enseñaron a Eneas, para el que tenían reservadas grandes empresas, que se puede triunfar a pesar de naufragar. Los políticos, cuanto más torpes, menos escuchan a los dioses. En los Estados Unidos sí traen sabida esa lección. ¡Cuánto tiempo y dinero nos habríamos ahorrado en España!